Palacio de Bellas Artes





Los murales dedicados a Cuauhtémoc deben ser vistos como una misma pieza, un díptico que integra una narración histórica sobre la conquista de México.
Como el propio Siqueiros declaró el día de su inauguración (23 de agosto de 1951), este díptico es “un canto a Cuauhtémoc y una imagen de la lucha que tienen que sostener los pueblos débiles”.
 A través de la síntesis de diversas maneras pictóricas (como el realismo y la abstracción), Siqueiros logra de construir símbolos tradicionales y darles un nuevo sentido, expresivo y dramático. Como él mismo decía: “No puede hacerse música revolucionaria con órganos de iglesia”. Si la pintura estaba destinada a generar el cambio (hacia su anhelada colectividad), entonces utilizaría la tecnología más moderna posible: hablaría el lenguaje de su tiempo.
Autor: David Alfaro Siqueiros
Título: Apoteosis de Cuauhtémoc
Técnica: Piroxilina sobre celotex, recubierto con plástico sintético







Autor: José Clemente Orozco
Título: Katharsis 1934
Técnica: Fresco sobre bastidor metálico transportable
En 1934, después de concluir los murales de la Biblioteca Baker, en el Dartmouth College de New Hampshire, en los Estados Unidos, José Clemente Orozco regresó a México y fue invitado por la Secretaría de Educación Pública a realizar un fresco para decorar el muro oriente del segundo piso del Palacio. Orozco decidió representar entonces una alegoría sobre la guerra y la desintegración. Para ello empleó diversos motivos, recurrentes en su obra: la lucha, el caos, la prostitución y las máquinas, que tratados de una manera rítmica y formalizada, ofrecen, en palabras del crítico de arte y amigo del pintor, Justino Fernández, “una posibilidad de salvación por medio de la renovación, de la destrucción”.
 En su libro Orozco. Forma e idea (1942), Fernández anotó asimismo que es a través de la catarsis, representada por el fuego en la parte superior, que el hombre, enfrentado a la civilización mecanicista, puede llegar a purificarse. A partir de esta interpretación crítica, el mural llegó a ser conocido como Katharsis (o La Katharsis).La naturaleza expresionista de la obra está implícita en el dramatismo y la fuerza de la representación. Obra maestra del pintor mexicano, quien consideraba la pintura mural “la más alta, la más lógica, la más pura, porque  es para el pueblo. Es para todos”.




Autor: Jorge González Camarena
Título: Liberación 1957-1963
Técnica: Acrílico sobre tela en bastidor móvil
En 1941 González Camarena realizó el mural Díptico de la vida para el edificio Guardiola del Banco de México, el cual tuvo que ser retirado después del sismo de 1957.  Veinte años después el Museo del Palacio de Bellas Artes pidió al artista que repitiera dicho mural. Sin embargo, González Camarena prefirió realizar la obra Liberación, la cual puede leerse en realidad como un tríptico: a la izquierda, la esclavitud; al centro, la lucha del hombre por romper sus cadenas, y a la derecha, la libertad.
Como parte de la segunda generación de muralistas, González Camarena buscó desde sus inicios una forma de expresión personal, que le permitiera representar lo que llamaba la “síntesis del mestizaje”. Inventó un sistema de composición al que dio el nombre de “cuadratismo”, que consiste en una forma particular de organizar y descomponer los objetos de un cuadro basada en la geometría. Este mural es una muestra ejemplar de las ideas estéticas y políticas de este prolífico artista. La naturaleza expresionista de la obra está implícita en el dramatismo y la fuerza de la representación. Obra maestra del pintor mexicano, quien consideraba la pintura mural “la más alta, la más lógica, la más pura, porque es para el pueblo. Es para
todos”.

Autor: Diego Rivera
Título: El Hombre Controlador del Universo o El Hombre/En el Cruce de Caminos (1934)
Técnica: Fresco sobre bastidor metálico transportable
El hombre en el cruce de caminos revela algunas de las preocupaciones fundamentales de Rivera. Ideas polémicas que, en su momento, fueron censuradas y criticadas.
El pintor realizó una primera versión de esta obra en el edificio de la RCA del Centro Rockefeller de la ciudad de Nueva York, a  la que entonces (ca. 1933) llamó El hombre en el cruce de caminos contemplando con  esperanza la elección de  un  nuevo y mejor futuro (Man at the Crossroads Looking with Hope and High Vision to the Choosing of a New and Better Future). En esa ocasión el pintor fue despedido y, poco después, destruida su obra por presentar una visión explícitamente política (el capitalismo de un lado como la opción equivocada, y el socialismo marxista del otro lado como opción virtuosa), rematada por la figura de Lenin ocupando el puesto de honor.
En 1934, con motivo de la inauguración del Palacio de Bellas Artes, el presidente Abelardo L. Rodríguez solicitó a Rivera la recreación del mural original para decorar el recinto. La simetría de la composición, la seguridad del trazo y el manejo de los colores, hacen de esta obra una muestra privilegiada de la maestría del pintor mexicano.


Autor: Rufino Tamayo
Título: México Hoy 1953
Técnica: Vinelita sobre tela
Este mural, el segundo que Rufino Tamayo realizó para el Palacio de Bellas Artes, representa el encuentro de la ciencia, el arte y la técnica.
Tamayo aprovechó la separación impuesta por las columnas del Palacio, para darle a su obra un cierto carácter de tríptico. No hay argumento; los colores, como protagonistas de la acción, se encargan de sintetizar el espíritu de ese México de hoy, al que alude el título.
Cada uno de los tres sectores -escribió el crítico de arte Paul Westheim- “tiene su propio colorido, muy diferente al de los otros. Un rojo llamativo, de un lado, un verde reluciente del otro, flanquean la superficie central. Para esta parte de su obra, en donde nos habla de la poesía, Tamayo ha escogido los colores más delicados de su paleta: un rosa tenue, un blanco grisáceo, un gris azulenco”.
En esta obra, el recurso expresivo del pintor es el contraste, como lo explica Westheim: “Los rojos y verdes de los lados se desenvuelven en segmentos geométricos; el campo de en medio es un turbulento remolino de formas orgánicas”.
El contraste es en esta obra de Tamayo una metáfora que le permite expresar una realidad tan compleja como la de nuestro país.